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Un partido que comenzó con bastante emotividad por los hechos que desencadenaron la suspensión de este encuentro que debía ser disputado el día de ayer. Un ambiente inicial totalmente ligado a lo ocurrido al lado del omni-bus del Borussia Dortmund: una explosión de bomba. ¿Y quién se acordó de ello durante los 90 minutos? Nadie, o quizás los que echaron de menos a Bartra, que afortunadamente está en perfecto estado. Ganaron los goles, el ida y vuelta, la juventud de Dembélé y Mbappé. Ganó el fútbol. 

Los aficionados del Dortmund realizaron un mosaico que permaneció durante todo el partido. Foto: Twitter.

En una tarde empañada por la lluvia, que de no ser por ella nos habría permitido observar un partido de Champions a plena luz del día, ambos equipos dieron inicio al partido con mucha parsimonia. Sin peligro de ambos lados. El Borussia Dortmund se mostró más incisivo de la mano del francés Dembélé, que intentó adentrarse numerosas veces al área rival. Cuando precisamente dominaban los locales, llegó un discutido penalti de Sokratis hacia Mbappé. El niño que hay que tomar como adulto. Fabinho, que contaba con una racha de 17 penaltis seguidos, la mandó fuera sin más ni menos. Con excesiva prisa para el cobro. Parecía que iba a ser la condena del equipo del principado. Al contrario, pasaron dos minutos para que Bernardo Silva haga un desborde fenomenal, habilite a Lemar que centró hacia la humanidad de Mbappé quien accidentalmente anotó el gol cuando iba en carrera a buscar el pase. La confirmación de un Mónaco gigante. Los bávaros se lanzaron de inmediato al ataque, pero solo una oportunidad de Kagawa representó real peligro. Al 35′, Raggi, que jugó improvisado de lateral izquierdo, envió otro centro con veneno que propició un rechace incómodo de Bender para así mandarla a guardar en su propia portería. Reclamó un pisotón de Falcao, que amenazaba con cabecear si no fuese por la intervención del central.

El momento en el que Sven Bender cabeceó hacia su propio arco. Foto: Reuters.

Mónaco cuajó un segundo tiempo soñado, inesperado. Ya vencer 0-2 de visitante era un plus enorme. Los ánimos del combinado amarillo se vinieron abajo tras el autogol. Pero Tuppel reaccionó e ingresó de buenas a primeras a Sahin y Pulisic. El juego del local dio un giro. No por los jugadores como tal, sí por la balanza ofensiva.

Y llegó la hora del Dortmund. Su determinación hacia el gol era inmensa. Las internadas de Dembélé desde su banda fueron letales. Justamente el joven francés fue autor del gol al 57′. Aunque su único mérito fue empujarla. Los aplausos se los llevó Aubameyang quien cazó de tacón un centro que parecía perdido y Kagawa interceptó la salida de Subasic cediendo la bola a un solitario Ousmane Dembélé. El partido fue otro hasta el minuto 75′. Alemanes dominaron a los franceses tal cual la guerra franco-prusiana. Hasta que llegó un contraataque que finalizó Falcao de pésima manera cuando Bürki ya estaba batido. Pero fue un augurio. El chamo de 18 años, Kylian Mbappé, interceptó un mal pase en campo contrario, se fue solo ante el arquero y definió de forma magistral hacia la escuadra derecha. El delantero de Mónaco sigue dando pretextos para ser considerado el sucesor de Henry. Cuando los títulos se preparaban para alabar al chico, de pronto llegó Kagawa para zafarse de dos jugadores dentro del área y marcar el 2-3. Ya no todo era Mbappé-Lotin. Era el fútbol. Luego, el Dortmund se encimó al arco del vulnerable Subasic, pero ningún tiro fue dentro de los palos.

Foto: Reuters

A pesar del sabor amargo, el Mónaco tiene los papeles mucho más sencillos para la vuelta que como los tuvo en octavos. Aquella vez debía vencer en su casa 2-0, ahora, debe optar por no ser vencido con ese resultado. Pero esto es fútbol y es la llave entre los equipos revelación del torneo. Un día golean y otro salen goleados. Enormes delanteros y preocupante retaguardia. No por otra razón es que de este juego se esperaban muchos goles, y el 19 de abril pinta para lo mismo.

@Kevin_VivaslO