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El Atlético tuvo personalidad en el Philips Stadion y aceptó el reto de llevar el ritmo del partido

Tres meses y medio después de Milán, el Atlético demostró que el lamerse las heridas y los lamentos no van con el equipo de Simeone. En su reencuentro con la Champions, desde el día 1, el cuadro rojiblanco ya vuelve a creer en su sueño. Queda lejos, y nadie pronunciará Cardiff, pero el Atlético puso en Eindhoven, una plaza complicada, la primera piedra.

El PSV exigió al Atlético competitividad y juego. Del gol se encargó Saúl con un zurdazo soberbio que recordó al de McManaman frente al Valencia. De sellar la portería propia se encargaron todos, pero especialmente Oblak, que detuvo un penalti a Guardado justo cuando terminaba la primera parte. También el esloveno, por lo visto, ha aprendido de Milán.

Si alguien esperaba un duelo en que los dos equipos especularan y observaran cómo se desarrollaba el partido antes de hincarle el diente, el arranque del encuentro le demostró que estaba equivocado. A la excelente salida del Atlético reaccionó el PSV con una ocasión en la que Giménez llegó milagroso ante Narsingh y con un tanto anulado que trajo polémica. Héctor Moreno ganó el salto a Filipe Luis y en la segunda acción De Jong empujó el balón a gol con la cabeza. El árbitro señaló una falta del mexicano sobre Filipe que dejó muchas dudas. El estadio, lógicamente, se cabreó, y a partir de ahí pidió todo. Unas veces con razón y otras no.

Se repuso poco a poco el Atlético del susto, que había sido morrocotudo. Aprendió pronto que el PSV tenía sus armas y que tenía que echar un ojo a Narsingh y De Jong. El primero hizo sudar a Godín y Giménez (que volvió a ser titular) con su velocidad, mientras que el segundo lo tocó todo de cabeza. No es De Jong un delantero rápido ni virtuoso, pero cualquier balón que cae al área lo toca o lo baja. Ambos fueron un incordio para los centrales uruguayos del Atlético. De inicio, Godín concedió más que de costumbre, aunque fue mejorando con el paso de los minutos.

El Atlético tuvo personalidad en el Philips Stadion y aceptó el reto de llevar el ritmo del partido. Si normalmente le gusta esperar y aprovechar los espacios, esta vez fue el rival quien se lo hizo a él. Pero este Atlético está cada vez mejor construido y tuvo fútbol para llegar sobre la portería de Zoet, un buen portero.

Gaitán dejó algunos buenos detalles. Debió participar más, pero dejó claro lo que puede aportar. Faltó una pizca de tranquilidad en el área, la que todavía no tiene Gameiro. El francés se mueve bien y es un incordio para los defensas, pero todavía no ha encontrado el gol. Lo encontrará.

Entre el buen hacer del Atlético, el PSV daba algún que otro susto. En un balón largo, Godín dejó correr a Narsingh y casi lo paga carísimo. Pidió penalti el estadio en una acción en la que el uruguayo tiró de veteranía. Poco después llegó el gol de Saúl, un golazo. Enganchó de forma soberbia con la zurda después de que su primer disparo saliera rechazado. Hacía falta un remate así para batir a Zoet. Pidió el PSV, seguramente con razón, una falta de Giménez sobre Propper en un salto previo. Si lo de Héctor Moreno había sido falta, aquello pareció más grave. El centrocampista del PSV terminó con la cara ensangrentada.

Dos minutos después, el despistado Atkinson señaló una falta en una acción de Narsingh, siempre él, con Giménez. Amagó el jugador del PSV y el uruguayo fue al suelo. Luego cayó Narsingh sin que nadie le tocara y Atkinson señaló el penalti. El árbitro pitó casi todo al revés, porque en la segunda parte hizo mutis en una clara mano de Godín. El penalti lo lanzó Guardado fuerte con su zurda al lado donde todos los jugadores del Madrid lanzaron los penaltis en Milán, a la izquierda de Oblak. El esloveno detuvo el lanzamiento esta vez.

El inicio de la segunda parte fue prometedor para el Atlético, que se pasaba bien el balón y además encontraba espacios porque el PSV estaba ya un poco más descosido que con el 0-0. Falló Gameiro la mejor ocasión para el 0-2 después de una buena acción colectiva en la que él mismo había colaborado. Mostró buena sintonía con Griezmann, pero le faltó el remate. El ‘7’ sí embocó, pero el linier lo anuló por un fuera de juego que dejó muchísimas dudas.

Los cambios y el resultado hicieron dar un paso atrás al Atlético. Como se ha visto a lo largo de los últimos años, el equipo rojiblanco no se encuentra nada incómodo en su área, repeliendo los ataques del rival expuesto a que cualquier error echara abajo el trabajo.

Pereiro dio un último susto, pero Oblak estaba bien colocado. No tembló el meta esloveno, como tampoco lo hizo el Atlético.  En Eindhoven demostró que su cabeza sigue siendo fuerte. Por si alguien tenía dudas de si el Atlético iba a volver, los de Simeone lo dejaron claro: tienen tanta hambre, o más, como en ediciones anteriores.

Fuente: Marca